Nunca me imaginé escribiendo un relato de suspenso y mucho menos de terror.
Es forzado, no vayan a creer que lo elegí. Y peor aún, - no estoy ficcionando.
Son cerca de las 21:00hs. Me alquilé una peli, puse víveres en el microondas. Afuera, se avecina una tormenta de aquellas…
Los destellos de luz atraviesan las cortinas y les suceden guturales estruendos, de sonido grave y salvaje. Aquí todo transcurre y se siente con mayor intensidad.
Las luces de la casa comienzan a titilar…, veo y ciego, alternadamente.
Una inercia veloz me impulsa a los cajones de la cocina, donde comienzo a buscar desesperadamente linterna, vela, antorcha, farol, grupo electrógeno y/o afines…, entre el ver y no ver encuentro media vela…, media vela!!! Ahora los fósforos…, listo!!!, que se corte nomás. Ni que hubiera sido una orden, para ser tan eficaz. Se apagaron todas a la vez…, las exteriores, el velador, las de la cocina, living, pasillo…, se abortó mi cena…, chau peli.
Sólo 3 cosas quedaron encendidas: mi notebook, con el ícono de batería que suplantó al de enchufe; mi celu, y lo otro.
Comienzo a andar a tientas, arrastrando lentamente los pies y anteponiendo mis brazos a cuan obstáculo se interpone. Un relámpago aclara la casa, manoteo y enciendo la media vela.
Me siento en el sillón del living, la batería de la compu puede sobrevivir 1hora y media, con optimismo.
Me decido a escribir hasta que agote. Estaría bien decir “hasta que las velas ardan”?
Comenzó a llover torrencialmente y las ráfagas de viento estrellan la lluvia contra las ventanas.
En las cortinas de voyle se dibuja una suerte de sombras chinescas con forma de ramas, hojas y vaya a saber qué más, que se mueven de un lado a otro al compás del viento y los relámpagos, y provocan se acelere mi ritmo cardíaco.
A algunos les pasa que maldicen porque llevaron a lavar el auto…, a otras nos pasa que dejamos la ropa colgada. Ya lo dije, todo lo que se moja en algún momento se seca. Aunque ayudaría saber hacia qué destino fue arrastrada abruptamente la ropa por el viento.
La batería me advierte que cierre todos los programas. Backupeo y obedezco.
El resto de vela me alcanza para pasar por el baño y medio capítulo leyendo ya acostada.
Hoy la cama se siente más grande que de costumbre, y la línea abierta del “brazo fuerte de abrazo fácil” está fuera del área de cobertura.
La vela se apaga. Intento presionar el pabilo con los dedos para evitar que humee.
Me pronostico una noche incierta…, larga de vigilia…, con altibajos de insomnio y somnolencia…, y constantes cambios posturales hacia uno y otro lado.
Me dejo arrullar por un lullaby improvisado entre el golpe seco de la lámpara de chapa de la calle y el chirrido acompasado y prolongado del postigo de la ventana. Creo que duermo…, duermo en blanco y negro. Good night & good luck.